Las diferencias sobre el mecanismo de selección del candidato presidencial profundizan la fragmentación entre la derecha y la centro derecha, mientras el petrismo mantiene ventaja en los sondeos.
La oposición comenzó a explorar una nueva ruta electoral para depurar su baraja de candidatos y construir una alternativa sólida que le permita competir con la izquierda en las próximas elecciones presidenciales. La propuesta de no acudir a una consulta interpartidista, sino de definir el candidato mediante encuestas, puesta sobre la mesa por Sergio Fajardo y que recibió un guiño inicial del expresidente Álvaro Uribe Vélez, dejó al descubierto la profunda crisis de organización que atraviesan la derecha y la centro derecha para articular un proyecto común frente al aspirante del petrismo, Iván Cepeda.
El debate se encendió luego de que Fajardo y el abogado Abelardo de la Espriella anunciaran públicamente que no participarían en ninguna consulta en marzo del próximo año. La decisión generó una oleada de críticas y cuestionamientos, pues desde hace varios meses distintos sectores venían trabajando en la idea de una ‘megaconsulta’ que integrara a todo el espectro opositor, “desde Abelardo hasta Fajardo”, con el objetivo de unificar las aspiraciones de la extrema derecha y la centro derecha bajo un mismo mecanismo.
Sin embargo, el giro estratégico terminó desmoronando ese esfuerzo. Aunque la idea de reemplazar la consulta por encuestas encontró eco en el expresidente Uribe, lo cierto es que el líder del Centro Democrático quedó con un escenario debilitado tras la caída de la megaconsulta que venía construyendo junto al expresidente César Gaviria. Ese proyecto ya había sido socializado en llamadas y reuniones con figuras clave del establecimiento político, como el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, directores de partidos tradicionales y congresistas conservadores, entre ellos Efraín Cepeda y Nadia Blel.
La deserción de Fajardo y de la Espriella dejó sin piso firme el mecanismo impulsado por Uribe. Aunque todavía hay aspirantes dispuestos a participar en una eventual consulta promovida por el Centro Democrático, la ausencia de estos dos nombres resultó determinante. Ambos han ocupado el segundo y tercer lugar, respectivamente, en las últimas tres mediciones de intención de voto conocidas, mientras que Iván Cepeda se ha mantenido en el primer puesto.
Este contexto explica, en parte, el movimiento de Fajardo. El exgobernador de Antioquia carga con el antecedente de su participación en la Coalición Centro Esperanza en 2022, una alianza que terminó fragmentada y que le dejó un resultado electoral discreto de apenas 730.000 votos. Con esa experiencia a cuestas, Fajardo decidió lanzar una alternativa distinta y presentarse como la figura capaz de derrotar a Cepeda en una eventual segunda vuelta, apostándole a un mecanismo de encuestas entre candidatos que, según su narrativa, permitiría escoger al aspirante con mayores opciones reales de triunfo.
Mientras tanto, la oposición sigue sin un camino claro y unificado. La discusión entre consultas, encuestas y alianzas evidencia no solo las tensiones internas, sino también la dificultad de construir una estrategia común frente a un petrismo que ya tiene candidato definido y ventaja en los sondeos. El reloj electoral avanza y, por ahora, la oposición sigue buscando la fórmula que le permita llegar cohesionada a las urnas.







